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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@hotmail.com

Los 100 monumentos más bellos del mundo: Las pirámides de Tenochtitlán


  • Ingrid González de Rodríguez | 10-01-2021

El descubrimiento de América por parte de Cristóbal Colón, marcó un hito cultural importante en la historia del mundo occidental. Un hecho fortuito, pero contundente, con  su arribo a las nuevas tierras - descubiertas por casualidad pues Colón siempre pensó que había llegado a la India -  el almirante interconectó el mundo, mezcló etnias, idiomas, razas y culturas, dando inicio a un proceso de interconexión parecido al que modernamente se ha llamado globalización o lo que es lo mismo, un encuentro de culturas.   

Colón fue el primero en bordear la costa atlántica de África llegando al norte de Islandia, en nombre de España fue el primero que exploró el mar de las Antillas, y también fue el primer europeo en anclar, en la hoy República Dominicana, Bahamas, Cuba, Haití, Jamaica y Trinidad, antes de llegar al continente suramericano, en una época en que los secretos del universo eran grandes dogmas: la tierra era plana y el mar era un inmenso e ignoto espacio vacío, en el que se pensaba los barcos podrían desaparecer. Sin embargo, con su arrojo de navegante intrépido y arriesgado, Colón abrazó un proyecto, no del todo exitoso, y por sus aportes a la corona española fue saboteado por rivales envidiosos, en sus intentos de establecer asentamientos coloniales en las tierras descubiertas. Aventureros, caza- fortunas, y trotamundos inconformes, levantaron testimonios en su contra haciéndole perder la simpatía de los reyes provocando que el marino Genovés regresara a España hecho preso y rodeado de cadenas. Pero, su talento se impuso, su protectora la reina Isabel y el rey Fernando el católico lograron liberarlo creyeron en él y lo enviaron de nuevo en una segunda expedición en 1497. Fue cuando descubrió las Antillas menores y la isla de Puerto Rico, en su tercera expedición en 1498, llegó a las costas de la actual Venezuela, la isla de Trinidad y los cauces del Orinoco.   Desde la salida del puerto de Palos de Moguer en la flotilla a su mando de tres carabelas, “La Santa María”, “La Niña”, y “La  Pinta" un 3 de agosto de 1492, el navegante abrió el camino hacia el conocimiento del cuarto continente: el continente americano. A pesar de las dificultades, tormentas y naufragios, regresó a España y en 1502 emprendió su cuarto y último viaje pues contrajo una enfermedad que le ocasionó la muerte en 1506.   

En el transcurso del proceso de conquista y colonización, Las grandes civilizaciones prehispánicas sucumben ante la superioridad técnica y armamentista de los conquistadores. El descubrimiento de América transformó de tal manera la vida europea que los historiadores toman ese acontecimiento como el punto de inicio de la edad moderna.  Un mundo nuevo que no figuraba en los mapas aparece a los ojos de los europeos, que aunque procedían de un país como España, de gran diversidad geográfica y riqueza cultural, tal como documentan las crónicas, les impresionó, por su particular geografía de exuberante flora y fauna.     

Hernán Cortés llegó en 1519 a la capital azteca de Tenochtitlán, que estaba construida en medio de un lago y tenía 200,000 habitantes, por su belleza y brillantez la comparó con Constantinopla y Roma, sus pirámides le causaron gran admiración.   A más de 500 de años de distancia del largo proceso histórico y cultural que dio origen a América Latina, no podemos soslayar los obstáculos. La fragmentación geográfica, las disparidades regionales y las diferencias en la transformación histórica de sus sociedades,   alcanzada su independencia, América Latina se enfrentó al reto de construir las nuevas naciones y reafirmar los sentimientos de identidad de cada uno de sus pueblos, buscando el sistema político ideal para mantener la unidad, el orden, la libertad y la democracia.    

La realidad latinoamericana actual, es difícil, compleja, retadora, de cara al siglo XXI la región enfrenta enormes desafíos económicos, políticos y medioambientales para alcanzar el anhelado desarrollo, y salir de la clasificación de “países del tercer mundo” o “En vías de desarrollo”. La vida de los pueblos – y de los seres humanos que los componen- representa un intenso proceso de búsqueda que no termina nunca.   Nos suscribimos a la afirmación de Arturo Uslar Pietri (1987): “Las dificultades actuales de la América Latina son transitorias. Un mundo, que contiene las más grandes reservas de agua, de tierra vegetal, de oxígeno, y de recursos materiales de toda índole poblado de medio millar de millones de habitantes, una India, una China Occidental, que representa la gran mayoría de la población católica del planeta, con una clase dirigente actualizada y capaz con vocación creadora, tiene que ser uno de los polos de la historia del siglo XXI. No es un mundo saturado y en regreso, no es tampoco mero espacio geográfico y humano para la expansión de las superpotencias económicas, sino uno de los escenarios posibles de la nueva historia”.    

Pienso que la lucha de América Latina ha sido larga y tortuosa, su evidencia es palpable en las epopeyas por la independencia, la democracia, la paz y la justicia social. Sin embargo, El futuro promisorio del continente se reafirma en las palabras del patriota americanista José Martí: “Somos un pequeño género humano constituido por la fusión de diversas razas. La negra, la indígena y la europea, con énfasis en uno u otro país, de una u otra raíz”.  

Con el propósito de compartir con los lectores de “Reflejos” en LA INFORMACIÓN,  los hermosos lugares de América, que nos definen como pueblos y como parte de esa enorme colectividad que se llama género humano, presentamos hoy, la imagen de la colosal pirámide de Tenochtitlán. 

ingridderodriguez@hotmail.com


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