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Ingrid González de Rodríguez

Reflejos

Ingrid González de Rodríguez | ingridderodriguez@lainformacion.com.do

Reflejos edición 2 de julio 2020


  • Ingrid González de Rodríguez | 02-07-2020

 El signo linguístico, salto asombroso de la mente humana

Nuestro lenguaje nos hace humanos y nos distingue de otros seres vivos. Lenguaje es todo sistema de comunicación humana. Siguiendo  esta definición podemos hablar de distintos tipos de lenguaje, tales como el verbal, cuyo código son las palabras, el mímico, que se basa en los gestos, el musical que emplea signos particulares (clave, notas etc.), o el matemático, que utiliza signos y números para representar medidas, operaciones y abstracciones. En verdad hay muchos tipos de lenguaje, no obstante todos tienen la misma finalidad, la comunicación de un mensaje. Por medio del lenguaje podemos comunicar a nuestros semejantes lo que queremos, sentimos y pensamos. 

 El lenguaje es el gran instrumento de la comunicación humana y la manifestación de una de las capacidades más notables de la especie: la actividad simbólica, o aptitud que tenemos para representar las cosas, las ideas y los hechos por medio de signos, señales, gestos y sonidos que son una representación de aquellos.

 Las diferencias entre el lenguaje humano y el de otras especies de animales sociales (delfines, ballenas y chimpancés), que disponen de modos de comunicación similares, son detalladas en su sentido primordial como la representación del pensamiento por medio de sonidos y los sonidos articulados son signos.

En este orden, Landauro (1986) explica:  “Se llama lenguaje a cualquiera de los sistemas que emplea el hombre para comunicar a sus semejantes sus sentimientos o ideas. El lenguaje es una de las manifestaciones de la actividad simbólica del hombre, es decir, de su aptitud para representar las cosas las ideas y los hechos por medio de sonidos, gestos, actitudes, signos u objetos que son sustitutos de aquellos. Esta facultad no es propia de la especie humana, probablemente, un buen número de animales sociales disponen de modos de comunicación análogos. El lenguaje humano se diferencia de estos por su estructura compleja, más que por su carácter vocal: cada uno de los símbolos que emplea es analizable en unidades más pequeñas, estas unidades pueden combinarse de otra manera y dar origen a nuevos símbolos. Además estas unidades son diferentes, y sus combinaciones obedecen a leyes particulares en los diversos grupos humanos que habitan la tierra. Este lenguaje es aprendido, y no objeto de transmisión hereditaria como el de los animales, por lo cual las sociedades humanas pueden cambiar de sistema de comunicación, hecho producido varias veces en el transcurso de la historia. Debemos señalar que estos sistemas influyen unos sobre otros y se modifican en el curso del tiempo, según modalidades determinadas por su organización propia. Todos estos rasgos distinguen el lenguaje humano de los códigos de señales prácticamente inmutables y de eficacia limitada. En su principio el lenguaje está fundado en la asociación de un concepto (el significado, llamado también contenido semántico) y de una imagen acústica (significante o expresión), asociación arbitraria, pues nada impone de hecho ni de derecho que el animal llamado perro lleve este nombre (se dice dog en inglés, chien en francés y hund en alemán). Dicha asociación resulta necesaria para todos los miembros de una misma comunidad, pues estos no la pueden contradecir sin renunciar a comprender y a ser comprendidos, sin apartarse en el sentido propio del término. La unidad resultante de esta asociación es el signo lingüístico”.

El signo linguístico es un salto asombroso de la mente humana. Su aparición supuso una evolución cultural muy avanzada de la especie, concretada por medio de un complicado  proceso y bajo unas condiciones que deben cumplirse para que la comunicación constituya una realidad. En el acto de la comunicación no se usan los signos aisladamente sino a través de una combinación de signos. Al hablar, para transmitir un mensaje, se utilizan los signos linguísticos combinandolos debidamente formando sucesiones, es decir, encadenándolos. Un grupo de signos así combinados constituye una cadena hablada, que es también una cadena significativa cuya extensión es ilimitada. De ahí que al signo lingüístico hay que considerarlo no sólo desde la perspectiva de su composición(significante y significado), sino también que hay que relacionarlo con su entorno en la cadena significativa y en la lengua y sus diversos componentes.


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